{"id":209,"date":"2021-01-08T00:50:19","date_gmt":"2021-01-07T23:50:19","guid":{"rendered":"http:\/\/idelosan.com\/?page_id=209"},"modified":"2021-01-08T00:50:19","modified_gmt":"2021-01-07T23:50:19","slug":"un-hilo-invisible","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209","title":{"rendered":"Un hilo invisible"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-173\" width=\"539\" height=\"324\" srcset=\"https:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png 582w, https:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo-300x180.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 539px) 100vw, 539px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Roses (Gerona), 1996<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ricardo baj\u00f3 del coche y llen\u00f3 sus pulmones con el aroma a pino de la calle que le vio crecer. Eran ya cincuenta y siete a\u00f1os de ausencia, m\u00e1s de medio siglo desde que tuvo que huir a Francia con su familia al perder la Guerra Civil y su padre dej\u00f3 sus posesiones al cargo de su t\u00edo. Pero all\u00ed segu\u00eda ese mismo olor, te\u00f1ido con el aroma a hierba fresca en un entorno verde y ba\u00f1ado por el mediterr\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se aproxim\u00f3 al cercado que proteg\u00eda la recia casa con jard\u00edn. Mir\u00f3 con el ce\u00f1o fruncido la morada que ahora, tras la muerte de su primo, estaba a su cargo. Los tr\u00e1mites estaban hechos y ten\u00eda las llaves en su mano. La contempl\u00f3 como buscando en ella los detalles que ambientaron su infancia, el coraz\u00f3n lati\u00e9ndole con fuerza a medida que as\u00eda el familiar hierro de la verja. Quer\u00eda entrar pero no se atrevi\u00f3; demasiadas emociones juntas para su viejo cuerpo de setenta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decidi\u00f3 pasear para despejarse antes de emprender el camino de vuelta. Camin\u00f3 hasta la Pla\u00e7a de les Botxes, donde pas\u00f3 tantas horas muertas en su juventud y que tanto le recordaba a Cecilia, su primer amor. Se dej\u00f3 llevar por la nostalgia recordando su alegre risa, el suave tacto de su pelo rubio, sus labios afrutados. Busc\u00f3 con la mirada el banco que fue testigo de sus primeros besos y entonces la vio, como un extra\u00f1o espejismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfEra ella? Le\u00eda pl\u00e1cida y solitaria a la sombra de una palmera y levant\u00f3 la vista tan pronto como \u00e9l la vio. Ni sus blancos cabellos ni el rostro surcado por las arrugas fueron obst\u00e1culo para reconocer su fr\u00e1gil figura, sus ojos verdes y la radiante curva de su sonrisa.<br>\u2014\u00a1Cecilia! \u2014dijo \u00e9l, apresur\u00e1ndose a su encuentro.<br>\u2014\u00a1Ricardo!<br>Cerr\u00f3 el libro y se levant\u00f3 del banco para abrazarle.<br>\u2014Ricardo, eres t\u00fa\u2026 \u2014Maravillada, pas\u00f3 una mano por la melena negra que le conquist\u00f3 en su d\u00eda y que el tiempo apenas hab\u00eda te\u00f1ido de gris.<br>\u2014Cecilia, no me lo puedo creer. Hueles igual que siempre.<br>\u2014Nunca salgo sin mi perfume de azahar. \u2014Rio.<br>Primero quedaron cortados, sin saber qu\u00e9 hacer o decir. Ella propuso ir a tomar algo donde sol\u00edan hacerlo siempre en su adolescencia, antes de que la guerra manchara sus vidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abNo lo puedo creer, \u00a1est\u00e1 igual!\u00bb, dijo \u00e9l al entrar a la vieja cafeter\u00eda bohemia y forrada de madera. Se sentaron en un rinc\u00f3n y pidieron. El aroma del caf\u00e9 con leche, la acogedora ac\u00fastica del local y el sabor de la napolitana casera de chocolate acompa\u00f1aron a ambos en su conversaci\u00f3n, media d\u00e9cada resumida en apenas unas horas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella le cont\u00f3 que su familia se tuvo que mudar de casa poco despu\u00e9s del exilio de \u00e9l, lo cual impidi\u00f3 que sus cartas le llegaran. Se acab\u00f3 casando a\u00f1os despu\u00e9s y tuvo un hijo, pero hac\u00eda a\u00f1os que qued\u00f3 viuda. \u00c9l se centr\u00f3 en hablarle de su exitosa carrera como psic\u00f3logo cl\u00ednico y el sinf\u00edn de an\u00e9cdotas que le depar\u00f3 su profesi\u00f3n, sin dejar nunca su p\u00edcara pose de gal\u00e1n interesante. No dejaron de re\u00edr ni un minuto. En cierto punto, ella le cogi\u00f3 la mano sobre la mesa. Se miraron a los ojos, sonriendo. \u00ab\u00bfHas visto el paseo mar\u00edtimo? Est\u00e1 todav\u00eda m\u00e1s bonito que antes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La menguante luz del atardecer ba\u00f1aba a Ricardo y Cecilia en su lento caminar por la Avenida de Rhode, bordeando la playa. La anciana trastabill\u00f3 y casi cay\u00f3 de no ser por Ricardo, que la sujet\u00f3 por el brazo. \u00abNo pasa nada, no te preocupes\u00bb, dijo ella, sonriendo. Siguieron paseando, esta vez cogi\u00e9ndose de la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cecilia distingui\u00f3 a alguien en la distancia poco despu\u00e9s de encenderse la luz de las farolas, y apremi\u00f3 a Ricardo a esconderse tras unos contenedores. De nuevo casi se cae de no ser por \u00e9l, que la asi\u00f3 con fuerza como en el \u00faltimo paso de un tango, entre risas.<br>\u2014Mira aquel hombre tan alto \u2014dijo ella, en voz baja y juguetona, desde su escondite\u2014. Es mi hijo.<br>\u2014\u00bfTu hijo? \u00bfY no me lo presentas? \u2014dijo \u00e9l riendo.<br>\u2014Calla, calla, es m\u00e1s pesado\u2026 \u00a1Si por \u00e9l fuera no saldr\u00eda de casa! Se empe\u00f1a en que me podr\u00eda caer en cualquier momento. Oye\u2026 \u00a1no me mires as\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cenaron en un restaurante y volvieron sobre sus pasos. A mitad camino, Ricardo llev\u00f3 a Cecilia en volandas, en parte cansada y en parte mareada por el vino, y llegaron hasta el coche. \u00abDime d\u00f3nde vives ahora y te llevo\u00bb, dijo \u00e9l. \u00abArranca, que yo te gu\u00edo\u00bb. E iniciaron una ruta por toda la ciudad. En cierto momento pasaron por delante de un gran edificio en las afueras: Residencia Pi i Sunyer, rezaba el t\u00edtulo.<br>\u2014Mira, ah\u00ed es donde pretende llevarme mi hijo. \u00bfTe lo puedes creer? Que si est\u00e1 nueva, que si pilla cerca\u2026 Qu\u00e9 pesado, \u00bfno?<br>\u2014Di que s\u00ed: como en casa, en ning\u00fan sitio. Hablando de todo un poco\u2026 \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la tuya?<br>La anciana rio p\u00edcara y le guio de vuelta al mismo lugar del que parti\u00f3.<br>\u2014\u00bfVives justo aqu\u00ed al lado de mi casa?<br>\u2014S\u00ed. S\u00f3lo quer\u00eda pasar m\u00e1s tiempo contigo antes de que vuelvas a Par\u00eds.<br>Se apartaron la mirada, azorados, sin abandonar la sonrisa que les hab\u00eda acompa\u00f1ado durante todo el d\u00eda.<br>\u2014He so\u00f1ado muchas veces con esto \u2014dijo \u00e9l, melanc\u00f3lico\u2014. Te envi\u00e9 cientos de cartas antes de rendirme. \u2014La mir\u00f3 con rostro triste\u2014. Siempre he pensado en ti.<br>\u2014Yo tambi\u00e9n sue\u00f1o contigo.<br>Cecilia se acerc\u00f3 a \u00e9l e hizo adem\u00e1n de besarle en los labios, pero \u00e9l gir\u00f3 la cara, cerrando los ojos en un gesto de dolor.<br>\u2014No puedo, Cecilia. Estoy casado. Ma\u00f1ana celebro las bodas de oro con mi esposa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella peg\u00f3 la cabeza a su pecho y se le aferr\u00f3 con fuerza, como queriendo revivir por \u00faltima vez el tacto de su cuerpo. En el fondo se lo esperaba. \u00c9l le dio un beso en la cabeza, aspirando el aroma a azahar de su pelo, y la aferr\u00f3 cari\u00f1oso entre sus brazos. Bajaron del coche y se cogieron de las manos, mir\u00e1ndose a los ojos. Se despidieron retir\u00e1ndolas muy lentamente, apurando cada instante de contacto entre sus dedos, de la misma manera en que lo hicieron cincuenta y siete a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dieron la espalda y cada uno volvi\u00f3 a su mundo cotidiano, como si despertaran de uno de sus sue\u00f1os crepusculares en que, en otro mundo y otra vida, su alma gemela acunaba su coraz\u00f3n solitario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211;<br>De vuelta a su casa en Par\u00eds, Ricardo le dio tres besos a la joven Marie y le entreg\u00f3 su pago en mano. La chica recogi\u00f3 su equipaje y se march\u00f3. \u00abHoy ha amanecido espl\u00e9ndidamente, se\u00f1or Ricardo. A\u00fan sigue despierta, y acabo de darle la comida\u00bb. El anciano asinti\u00f3 complacido, se despidi\u00f3 de ella y march\u00f3 al sal\u00f3n, llevando con \u00e9l una elegante bolsa.<br>\u2014\u00a1Hola, cari\u00f1o! Ya estoy de vuelta.<br>\u2014\u00bfPierre?<br>\u2014No, cari\u00f1o. Soy Ricardo, tu marido \u2014respondi\u00f3 con calidez.<br>Ya estaba acostumbrado a que su mujer le llamara por el nombre de su primer novio, lo cual hac\u00eda cada vez con m\u00e1s frecuencia. El Alzheimer avanzaba inmisericorde para la anciana, que reposaba en una silla de ruedas con la mirada perdida. Ricardo se agach\u00f3 y le dio un beso en la frente.<br>\u2014Mira lo que te traigo, cari\u00f1o\u2026<br>\u2014\u00a1Oh! Son mis favoritos.<br>\u2014S\u00ed, s\u00ed\u2026 tus bombones favoritos, y espera a ver qu\u00e9 te llevar\u00e9 despu\u00e9s \u2014dijo, march\u00e1ndose a la cocina.<br>\u2014\u00bfEs mi cumplea\u00f1os?<br>\u2014No, Juliette. Son nuestras bodas de oro, hoy hacemos cincuenta a\u00f1os de casados.<br>\u2014Aaah \u2014dijo ella, como fingiendo comprender.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ricardo volvi\u00f3 con una peque\u00f1a tarta de nata y trufa y una botella de champagne sin alcohol, y se sent\u00f3 con ella a celebrar la efem\u00e9ride mientras todav\u00eda estaba despierta y despejada. Su idea era hacerlo por la noche a la luz de las velas, quiz\u00e1s ara\u00f1\u00e1ndole uno de sus raros y preciosos momentos de lucidez, pero no quiso arriesgarse a perder una oportunidad que le era cada vez era m\u00e1s esquiva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pocos d\u00edas despu\u00e9s, Juliette se durmi\u00f3 por la ma\u00f1ana y ya nunca m\u00e1s despert\u00f3. Sin hijos ni otros familiares cercanos, Ricardo la honr\u00f3 con un funeral sencillo pero emotivo, la hizo incinerar y le procur\u00f3 una urna de plata.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>Pasaba medio a\u00f1o de la toma de posesi\u00f3n de su casa familiar cuando Ricardo, por fin, decidi\u00f3 instalarse all\u00ed. Deposit\u00f3 con cuidado la urna de Juliette en la entradilla y sali\u00f3 a la calle. Contempl\u00f3 por momentos la cercana casa de Cecilia, indeciso, como cuando ten\u00eda catorce a\u00f1os y se mentalizaba para pedirle salir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se anim\u00f3 al fin. Se arregl\u00f3 el pelo y la corbata y llam\u00f3 al timbre, obteniendo silencio por respuesta. Decidi\u00f3 volver m\u00e1s tarde, al caer la noche, sin \u00e9xito de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ricardo lo volvi\u00f3 a intentar la ma\u00f1ana siguiente, cansado y ojeroso, y el resultado fue el mismo. Un joven vecino, curioso por su presencia, se interes\u00f3 por \u00e9l y se ofreci\u00f3 a ayudarle. La cara de Ricardo se transform\u00f3 al escuchar el destino de su amada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se plant\u00f3 en la Residencia Pi i Sunyer apenas media hora despu\u00e9s y pregunt\u00f3 por ella. Sali\u00f3 al jard\u00edn y la vio all\u00ed sentada, leyendo como siempre hac\u00eda, esta vez sobre una silla de ruedas. Una vez m\u00e1s, levant\u00f3 la vista para mirarle tan pronto como \u00e9l lo hizo, como tirados por un hilo invisible. Se sonrieron, sabiendo que todo ten\u00eda sentido solo por el significado de aquel momento de silencio mir\u00e1ndose a los ojos, acarici\u00e1ndose el alma. No hicieron falta las palabras. Supieron que la paz volv\u00eda a sus corazones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roses (Gerona), 1996 Ricardo baj\u00f3 del coche y llen\u00f3 sus pulmones con el aroma a pino de la calle que<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\" class=\"more-link\">Seguir leyendo<span class=\"screen-reader-text\">Un hilo invisible<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-209","page","type-page","status-publish","hentry"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v25.1 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Un hilo invisible - Iv\u00e1n de los \u00c1ngeles<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Un hilo invisible - Iv\u00e1n de los \u00c1ngeles\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Roses (Gerona), 1996 Ricardo baj\u00f3 del coche y llen\u00f3 sus pulmones con el aroma a pino de la calle queSeguir leyendoUn hilo invisible\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Iv\u00e1n de los \u00c1ngeles\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/Idelosanescritor\/\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"http:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"9 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\",\"url\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\",\"name\":\"Un hilo invisible - Iv\u00e1n de los \u00c1ngeles\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"http:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png\",\"datePublished\":\"2021-01-07T23:50:19+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209#primaryimage\",\"url\":\"https:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png\",\"contentUrl\":\"https:\/\/idelosan.com\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/hilo.png\",\"width\":582,\"height\":350},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/?page_id=209#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\/\/idelosan.com\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Un hilo invisible\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\/\/idelosan.com\/#website\",\"url\":\"https:\/\/idelosan.com\/\",\"name\":\"Iv\u00e1n de los \u00c1ngeles\",\"description\":\"Literatura de choque; 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